Hoy, el que era máximo responsable del ministerio del interior, dice que, fue mal informado
La desfachatez
de aquellos
que aspiran al
gobierno, no
tiene límites,
mienten tanto,
que llegará el
momento en
que se creerán
sus propias
mentiras.
Es inaudito
que, estos
farsantes
persistan en el
propósito de
vincular el
11-M con la
organización
armada surgida
del País Vasco.
E incluso, son
tan
impresentables,
que hasta han
llegado ha
insinuar la
implicación del
propio
Zapatero. Obviamente, que se hagan insinuaciones de este calibre, solotiene una
explicación, y es que, no dudan en exacerbar los ánimos para provocar tal clima
de crispación que, se acentué la confrontación lo máximo posible.
Ahora ese tal Acebes, el que fuera ministro de interior del impresentable de
Aznar, cuando se produjeron los hechos, se descuelga diciendo que él transmitió
a la opinión pública aquello que le dijeron los miembros de los cuerpos de
seguridad dependientes del ministerio. Lo cual sin duda es una falsedad, ya que
en sus intervenciones públicas no dudó en atribuir los hechos al grupo que sabía
que le reportarían rentabilidad de cara a las elecciones generales que debían
celebrase en cuestión de pocas horas, aun sabiendo de antemano, que eso no se
ajustaba a la realidad, y además, al atribuir la autoría a los que le reportaría
rentabilidad política, podía omitir o minimizar la verdadera autoría de los hechos,
la cual cosa le interesaba, puesto que, admitir que la responsabilidad de lo
sucedido era de los islamistas, iba en contra de los interés de cara a las
elecciones. Sí es cierto que, anunció una segunda línea de investigación, dirigida
esta a contemplar la posibilidad de que la autoría de los hechos se le pudiera
atribuir a los islamistas. Pero no es menos cierto, que dio a entender que, está
según línea de investigación era muy secundaría, como si se tratase de una
posibilidad remota, por lo que persistía en mantener el escenario de que era obra
de la organización armada surgida en el País Vasco.
De igual manera, el impresentable de Aznar, se esmero en convencer
personalmente, mediante llamadas telefónicas a los medios de comunicación de
que, la autoría de los hechos acaecidos, era de la organización vasca, y que lo
que se rumoreaba en el sentido de que fuese obra de islamistas, no tenía
fundamento. Es indudable, que la intención de Aznar, era evitar que los medios
transcendieran a la opinión pública la realidad de la situación, y así obtener
rentabilidad electoral, ya que atribuyéndoselo a la organización armada surgida
del País Vasco, le proporcionaba adhesiones de aquellos ciudadanos que aun no
tuvieran claro el voto, y obviamente, reafirmaba con firmeza a aquellos
ciudadanos que tenía claro el voto para su formación política. Y por supuesto, al
incriminar a esa organización armada, evitaba admitir que en realidad la autoría de
lo sucedido era de los islamistas, lo cual, electoralmente le perjudicaba a su
formación política, puesto que incluso podían cambiar su voto aquellos que en
principio tenían claro que les votarían, pero sobre todo, provocaría que los
indecisos se decidieran por votar al otro partido con posibilidades de gobernar, y
lo que es más, provocaría el efecto de que fueran a votar muchos de los que
pretendían abstenerse, los cuales, sin duda, eran votos para el otro partido,
puesto que los votantes de su formación no son precisamente de los que se
abstienen, ya que la abstención se encuentra en el segmento de población
considerada de izquierdas, o progresista en todo caso.
Que se falsease la verdad durante tres días, constata que todo se debía a una
estrategia en firme, hasta las últimas consecuencias, por lo que no puede
esgrimirse que, fuese producto de una situación límite ante lo ocurrido, ya que la
mentira fue deliberada a partir de la misma tarde en que sucedieron los hechos, y
se prolongó durante tres días, sin duda, una actitud incalificable.
Desde que ocurrieron los hechos, se ha hablado mucho de las responsabilidades
políticas de aquellos que pretendieron ganar las elecciones mediante mentidas
repugnantes, he incluso de pedirles responsabilidades políticas por lo sucedido.
Obviamente, estoy convencido de que es más que razonable, el pedirles
responsabilidades políticas, por su nefasta actitud. Y por supuesto, el hecho de
que perdiesen les elecciones, para mí no exime de tener que afrontar las
responsabilidades políticas, ya que el hecho de que no gobiernen, no implica
que los culpables hagan frente a la responsabilidad política, puesto que eso solo
representa la perdida del gobierno para la formación política a la que pertenecen,
mientras que individualmente han eludido el tener que afrontar las consecuencias.
Tengo absolutamente claro que, aquellos que pretendieron falsear la realidad de
los hechos acaecidos, no se les puede permitir que eludan las responsabilidades
que tienen por mentir deliberadamente a la ciudadanía, para conseguir que los
ciudadanos les votasen en las elecciones que debían celebrase en cuestión de
pocas horas. Obviamente, esa infame maniobra electoralista, es del todo
antidemócrata, ya que aunque no se producía alteración del escrutinio, sí se
utilizó la democracia para conseguir el poder mediante la vil manipulación de los
ciudadanos, engañándoles por medio de nauseabundas mentiras.
Considero que, pretender beneficiarse electoralmente con mentiras tan crueles, es
ir claramente contra la democracia, y eso es totalmente inaceptable, no puede
consentirse que, en un estado de derecho se utilice un hecho tan lamentable,
puesto que, en cierto modo, al pretender ganar las elecciones aprovechándose
del duro golpe encajado por la ciudadanía, bien podría ser entendido como algo
similar a un golpe de estado, no es su definición estricta, pero sí en lo que
plasmaba la situación que se daba.
Por otra parte, se ha de tener en cuenta que, criminalizar a determinado colectivo, incriminalizándolo para imputarle la autoría de un hecho que, en realidad saben
que lo han cometido otros, es un claro delito, castigado por el código penal.
Por lo tanto, esos impresentables, han de rendir cuentas, tanto haciendo frente a
la responsabilidad política, como también siendo encausados en un proceso
judicial, imputándoles una serie de delitos.
En definitiva, la responsabilidad política debería acarrear que, asumieran la
nefasta actitud que tuvieron, y consecuentemente, la inhabilitación por cierto
tiempo para desempeñar aquellas funciones derivadas de ostentar un cargo
electo, por lo tanto no deberían poder optar a presentarse a cargos electos, y
mucho menos estar en activo en un cargo electo.
Naturalmente, no solo es cuestión de que hagan frente a la responsabilidad
política, sino que también penalmente, puesto que considero que han cometido
delito, o cuanto menos, la cuestión requiere que se abra un proceso judicial para
dirimir si se produjo delito al incriminalizar deliberadamente a unos, cuando
sabían que eran otros.
Indudablemente, que la formación política que, aspira a alcanzar el gobierno algún
día, esté regida por aquellos que durante tres años han sostenido una gran falsa,
mintiendo reiteradamente hasta la saciedad, y sobre todo teniendo presente cual
fue el propósito de esa infame mentira, demuestra la necesidad de que emerja
alguna otra formación que sea digna a poder tener algún día las riendas del
gobierno en representación de la derecha.
Obviamente, en cuanto me enteré de lo que había ocurrido, pensé que era obra de
la organización armada denominada ETA, lo cual seguramente pensó la mayoría,
ya que no se tenía conciencia de la posibilidad de que fuese obra de islamistas.
Pero esa misma mañana, alrededor de la 1 pm horas, ya se hablaba de que podía
ser obra de islamistas, por lo que desde ese momento, la situación cambiaba,
surgiendo dudas razonables sobre quienes serían los que provocaron los hechos.
Naturalmente, que hubiese dudas, tras no estar claro quienes eran los
responsables de lo sucedido, era comprensible, y por eso había que esperar a ver
como se desarrollaban las investigaciones, para así aclarar la autoría de los
hechos. Pero el gobierno, que es quien tenía los instrumentos necesarios para la
investigación, se embarco en una aventura impropia de dirigentes idóneos para
gobernar.
